jueves, 21 de febrero de 2019

Castillo de las Guardas-Minas del Castillo

Domingo 17 de febrero, un nutrido grupo morisco participa en la cuarta ruta del programa de senderos organizado por la Federación Andaluza de Montañismo (FAM) y la Diputación de Sevilla.



A las 9,30 nos reunimos con grupos de otras procedencias para iniciar una ruta  circular desde El Castillo de las Guardas hasta las Minas del Castillo; se trata del sendero balizado por la  FAM, PR-A 396

Mañana templada, en un anómalo mes de febrero que anuncia una precoz primavera. Marco incomparable de la  Sierra Norte, con amplios horizontes de paisajes adehesados, predominan grandes latifundios para la cría de ganado bravo 

Numerosisimo grupo senderista, calculamos que superior a 200 personas.

Desde el punto de encuentro iniciamos en primer lugar un corto recorrido urbano hasta la Fuente del Abrevadero, que forma parte del patrimonio arquitectónico de la población.

Desde la fuente y en ascenso tomamos un sendero que nos conduce  a un tramo asfaltado de pocos metros de recorrido (SE-539), lo abandonamos por la derecha para iniciar un moderado ascenso por un antiguo camino que conserva el empedrado en varios tramos, un  enlosado, que intenta evitar la erosión y mejorar el paso de personas y  caballerías. Este tipo de caminos históricos, corren actualmente graves riesgos de deterioro por el paso incontrolado de quads y motos de trial, algunas comunidades autónomas, ya han  legislado al respecto.

A nuestra derecha admiramos El Castillo de las Guardas y las dehesas que la rodean.





Transcurridos 1800 m desde la fuente, llegamos a un cruce de caminos en un altiplano. Si hasta este punto el recorrido es lineal, deberemos repetirlo a la vuelta, en el cruce se inicia el verdadero circuito. Existe un palo indicador, con las diferentes direcciones, dos de ellas nos conducen a las Minas del Castillo.





Seguiremos el circuito en el sentido de las agujas del reloj, tomando el camino de la izquierda que de carril se transforma en sendero descendente en dirección suroeste, a nuestra derecha queda la Sierra del Pantano, que atravesamos por un pequeño collado, descendemos  hasta encontrar el arroyo del mismo nombre, y pronto divisaremos la cola del embalse, que se construyó  a principios del S XX, para suministrar agua a las minas.








Impresionantes vistas del embalse, al fondo en su margen izquierda se halla la Reserva Zoológica, situada en la antigua mina. Ascendemos nuevamente y tras 500 m, encontramos las ruinas de las instalaciones del ferrocarril, actualmente abandonado,  que comunicaba las Minas del Castillo con Rio Tinto.  Las minas de pirita cuprífera  del castillo de las Guardas , se conocían con el nombre de "Mina Admirable", estuvieron  en explotación, de forma más o menos continua desde la remota antigüedad (vestigios  romanos)  hasta 1963.

Un kilometro más o menos en llano y llegamos al poblado de las  Minas del Castillo, a nuestra derecha destacan las ruinas de una iglesia y a mano izquierda en una zona ajardinada, la organización nos obsequia con una botella de agua y fruta. Instalamos nuestro "campamento" para el merecido descanso y desayuno-almuerzo,  son ya casi las 13 h.



Desandamos algo mas de medio kilometro  para  a nuestra izquierda tomar un carril/sendero que cerrará el circuito. Primero en ascenso hasta el pié del cerro donde se halla un Radar Meteorológico (Cerro de Caña Alta, 520 m), y un  suave descenso hasta el cruce antes citado. Esta parte del recorrido atraviesa  un  paraje de dehesa admirable. a nuestra izquierda , al norte , la silueta de las diferentes estribaciones de Sierra Morena





 A partir del cruce, repetiremos, ahora en descenso el primer tramo del camino hasta reencontrar la Fuente del Abrevadero.

En resumen, una agradable jornada de senderismo, en el marco de Sierra Morena, en los límites entre la denominada Sierra Norte de Sevilla y la Sierra de Aracena.

En cuanto a la vegetación, es un paisaje mayormente de dehesa y bosque mediterráneo, la especie arbórea dominante es la encina, con abundantes ejemplares de alcornoque. En el aspecto arbustivo, destacan las jaras, lentisco, mirto o arrayán, madroños,  romero y  lavanda (cantueso o tomillo borriquero) y aislados ejemplares de altramuz, estos tres últimos  en flor.


MAPA Y TRACK DE LA RUTA. ENLACE A WIKILOK

CARTOGRÁFIA:

Mapa Topográfico  Nacional de España 1:25.000, hojas 939-3 y 939-4

REFERENCIAS:

https://drive.google.com/file/d/12sRD3iEbsn2kgAY42t4mp5MpPTyY_1qY/view

https://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/web/Bloques_Tematicos/Publicaciones_Divulgacion_Y_Noticias/Documentos_Tecnicos/guia_faja_piritica_iberica/municipios/11castilloguardas.pdf

https://jgonzalezc.webcindario.com/

http://www.elcastillodelasguardas.es/opencms/opencms/elcastillodelasguardas

https://lasminasdelcastillo.wordpress.com/

http://antoniagonzalez-aula-abierta.blogspot.com/2017/05/historia-de-las-minas-del-castillo-de.html

Texto JPV






miércoles, 13 de febrero de 2019

Vivir el paisaje morisco



En un poema en que el objetivo es hablar de un dolor relacionado con el amor, con la pasión que se añora, Antonio Machado sitúa al personaje del poema en medio del paisaje:

" Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡La colinas 
doradas, los verdes pinos
las polvorientas encinas!"

La geografía más próxima , los espacios que nos rodean, los paisajes que hemos transitado, no pueden separarse de nosotros. De hecho aparecen ligados como sucede en el poema citado con circunstancias y momentos de nuestra vida

Los espacios en los cuales se despliega nuestra vida se ven modificados por nuestra acción, al mismo tiempo que son interiorizados y cargados de sentidos. Existe una estrecha simbiosis, una estrecha relación entre el paisaje y quienes en él conviven.

Desde el punto de vista antropológico, pueden existir diferentes modos de enfrentarse o vivir el paisaje: por una parte está el espacio percibido, por otra el espacio vivido y por último el espacio imaginado

Nosotros en esta breve reflexión -o propuesta- queremos referirnos al espacio geográfico-natural próximo que nos rodea y sugerir diferentes modos de contacto. Diferentes modos de experimentar el paisaje. Podemos aunar los puntos de vista expuestos anteriormente: percibir, vivir, imaginar. Puestos en un lugar, pongamos por ejemplo, un cerro en el que junto a unas grandes rocas se descubren los restos de una casilla, en una tarde soleada del final del invierno, se puede disfrutar del color de los cielos y las formas de las nubes, de todos los tonos de verde que alcanza nuestra vista, del contacto de nuestros dedos con las minúsculas hojas del almoraújo y de las delicadas fragancias que desprenden. hemos vivido la subida que acelera el pulso y la respiración, el roce con el frescor puro del viento y de su rumor en los oídos, el descubrimiento de las incipientes y decididas lanzas verdes del espárrago. Contemplando los humildes muros derruidos de yeso y piedra, podemos imaginar cómo vivirían allí sus cándidos y sencillos habitantes, en una dura noche de invierno, rodeados de lluvia, un parto adelantado, o una repentina e insoportable dolencia. El término municipal es un pequeño cosmos para explorar: orografía, flora, fauna. Podemos distinguir tres grandes centros de interés en el espacio que ocupa nuestro término: la campiña, con sus zonas cultivadas de olivar y de calma, el río y la sierra. En torno a estos tres puntos de interés, que en muchos lugares se funden, se pueden plantear itinerarios llamativos y curiosos para disfrutar.


Los caminos indican hacia dónde va la gente, de donde viene. Transitando por ellos como observadores, como relajados e improvisados exploradores podemos descubrir cuales son en este itinerario los lugares que presentan cierto atractivo. un puente, una casilla, la pasá de un río o un arroyo, una vereda, un pozo o una fuente, esconden o ilustran los modos de vida de la gente que los transitaba. Los caminos conducen a pagos, a casillas y cortijos, lugares donde trabaja , habita y vive la gente. Los caminos son también historia.


Hay rutas para la briega en el campo; para el movimiento del ganado, para recoger lo que da la Sierra: el espárrago, las tagarninas, el y el hinojo para el aderezo de la aceituna, para la caza y la pesca; hay rutas para el agua y para contemplar las estaciones o el recorrido del sol. Hay lugares para la curiosidad y el conocimiento y también para el recogimiento y la experiencia de la soledad.

Están, alguna ya extinta y otras modificadas, la cultura del esparto, del olivo, de la trilla y la siega, del cisco y del carbón, del barro, de la caza, del pastoreo y los rebaños.

hay unos espacios donde se funden los modos de vida, de seres humanos, animales y plantas. Y hay otros en que claramente predomina alguno de ellos.


Para sus habitantes estos espacios y lugares adquieren memoria y sentido. Así como el vivir. el paisaje se convierte en una cosa generadora de significados. Los restos del Castillo evocan a cada cual pensamientos sobre quiénes y cómo vivieron en ese lugar. Un olivar los modos de vida y trabajo: tareas, herramientas y enseres. El río, en ciertos lugares, el baño, la extracción de arena, los modos de atravesarlo para pasar a la otra orilla.


Habrá personas que tengan la percepción  y la experiencia de lugares y paisajes particulares, porque en ellos vivieron. Cogieron la aceituna en el Madroñal, trabajaron en el Cortijillo,  esparraguearon por algún lugar de la sierra, bregaron con ganado, hicieron cisco y carbón, huyeron de la barbarie de la represión o transitaron practicando el estraperlo,... los lugares están impregnados de los quehaceres de la gente y la gente lleva en su memoria la huella de lo en ellos vivido.

En nuestro transitar para conocer esta geografía próxima, no es preciso para el caminante, para el paseante, enfrentarse al paisaje con una actitud intelectual, aunque esta también sea interesante. El paisaje está para disfrutarlo y puede haber tantos modos de hacerlo como personas y actitudes.  Se puede gozar de multitud de formas, de colores y tonos desde una pequeña atalaya en la Sierra. De la quietud de un lugar concreto al amanecer. Del carácter especial de un espacio, de las umbrías y las solanas, de las vistas y los sonidos. En medio de un olivar, en un frondoso paraje del Corbones o del Arroyo de la Barca donde se funden las canciones del viento y del agua. Observar la lejanía desde la cima del cerro de las Encarnaciones...


El paisaje, finalmente, puede invitar, si uno así lo desea, a la meditación y a la contemplación, al goce desde todos los ámbitos de la personalidad: conocimiento, sentimiento, sensaciones, observación de lo que hay o pasa fuera y dentro de  nosotros. Pueden ilustrar esto muy bien, volviendo de nuevo a la poesía, otras estrofas de Antonio Machado en el mismo poema:

"Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
la tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece."


O también éstas otras de Juan ramón Jiménez:

"Andando, andando.
Que quiero oír cada grano
de la arena que voy pisando.
...que yo quiero llegar tardando
(andando, andando)
dar mi alma a cada grano
de la tierra que voy rozando"


Texto: CSC